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Decisiones proyectivas: aprende a lanzar el pase

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Sabemos que ante una situación amenazante o peligrosa, nuestro sistema nervioso tiene un mecanismo adaptativo que nos prepara para enfrentarnos a ella, es la famosa “reacción de lucha o huída”. Esta respuesta común con los animales se desencadena independientemente de nuestra voluntad, es decir, de forma autónoma. Aunque la capacidad de preparar al organismo para afrontar el peligro no es exclusiva del hombre sí lo es la planificación de la misma, es decir, pensar sobre la situación, y esto es lo que dispara este mecanismo con antelación. El pensamiento es el gatillo que anticipa la reacción.

Lo curioso es que este tipo de respuestas autónomas o independientes de nuestra consciencia, también aparece cuando tomamos una decisión, sin necesidad de enfrentarnos a un peligro. En realidad, a la hora de decidir algo, nuestro cerebro lo ha hecho entre 200 y 300 milisegundos antes de que nosotros seamos conscientes. De alguna manera, el cerebro toma las decisiones teniendo en cuenta toda nuestra historia y es después cuando aparece la conciencia de la decisión.

Ante esta “aparente inconsciencia” podríamos plantearnos la idea de que no somos dueños de nuestras decisiones, nuestros actos o reacciones. Sin embargo, detrás de esta inconsciencia, se esconde una gran sabiduría. Todas nuestras experiencias, preferencias, gustos, opiniones y demás, están orientando esta inconsciencia. Aunque no las recordemos o no las tengamos presentes, están porque las hemos vivido. Muchas veces nos repetimos que hay que vivir el presente y a simple vista parece coherente  y recomendable, sin embargo está en nuestra memoria celular la experiencia pasada y está en nuestra naturaleza humana proyectarnos en el futuro. De hecho, nuestra propia evolución como seres humanos, ha privilegiado al lóbulo frontal favoreciendo el desarrollo del área prefrontal, para otorgarle mayor importancia a las funciones ejecutivas como la planificación, que nos identifica como seres humanos. Por lo tanto, podemos afirmar que pasado y futuro se hacen presentes, nunca mejor dicho, en cada “aquí“ y  en cada “ahora”. Son inseparables de lo que vivimos en cada momento y alimentan nuestra inteligencia intuitiva.

La idea de futuro o el poder visualizarlo sucede gracias a la plasticidad neuronal al igual que la fantasía o el sueño. Aquí pueden surgir verdaderos conflictos, ya que se pueden desencadenar físicamente reacciones de alarma frente a una realidad que solo existe en nuestra mente. La buena noticia es el potencial enorme que tenemos de trabajar con la proyección: la mente como emergente de la actividad cerebral construye una situación y el cuerpo se prepara para vivir lo que la mente creó. Esta afirmación no solo es válida ante el peligro sino también ante metas y objetivos, y constituye una enorme ventaja para nosotros, desde un punto de vista adaptativo.

Así, podemos tomar decisiones de futuro, decisiones proyectivas, sin tener toda la información o todas las certezas. Poniendo nuestra atención en lo que ya sabemos –pasado– y en lo que nos gustaría que sucediera –futuro. Es como aplicar la misma inteligencia que utilizan los jugadores de futbol cuando tiran un pase: lo lanzan hacia algún lugar en el que todavía no hay nadie y confían en que otro compañero llegará exactamente a ese punto para recibir la pelota. Realmente, tiran el pase sin saber a ciencia cierta lo que va a suceder… no lo miden, no lo calculan, no saben los movimientos de sus compañeros y, sin embargo, lo lanzan. Y lo hacen aparentemente sin pensar, muy rápido e incluso ante circunstancias estresantes como las que pueden vivir en una final importante. Para comprender mejor cómo funcionan las decisiones proyectivas y para poder entrenarnos en ellas necesitamos las 3Fs:  ficción + focalización y fe.

  • Ficción: necesitamos proyectarnos hacia lo que va a suceder o mejor dicho, hacia lo que queremos que suceda. Imaginarlo, inventarlo, cuando todavía no es realidad. Dando por hecho el resultado positivo. La mente no distingue entre realidad y ficción y se lo cree todo dándolo por válido, como si fuera real. Sabemos que así el cuerpo se activa, y que ante esta planificación se pone en la mejor disposición para la acción.
  • Focalización: trabajar con la densidad atencional. Poner foco en lo que depende de nosotros, es la conciencia de nuestro cuerpo, de la ejecución o la acción. En el caso de los futbolistas, el entrenamiento pasa por cómo colocar su cuerpo ante el balón, es curioso comprobar como cuando lanzan un pase o lanzan a portería, no miran al objetivo sino que miran su pié en contacto con el balón.
  • Fe: imprescindible. Las dudas nos debilitan en todos los sentidos… nos hacen perder concentración, sentir miedo, titubear, cometer errores. Para que todo funcione, necesitamos confianza en uno mismo y también en los demás. Como el futbolista que lanza el balón hacia un lugar en el que todavía no hay nadie. Lanzarnos a por ello, creernos que funciona y que somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, confiando en todo lo que ya sabemos y en lo que queremos conseguir.

Marta Romo, socia directora de Be-Up

Publicado en Mayo 2013 en Observatorio de RR.HH.

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